Funcionamiento de El Cronovisor

¿Cómo funciona el Cronovisor?

Uno de los mayores deseos del hombre es conocer el futuro. Otro deseo, hijo del primero aunque aparentemente opuesto, es poder presenciar los acontecimientos del pasado. Tal vez para poder cambiarlos. En el ámbito de la ciencia ficción se habla desde hace tiempo de una hipotética «máquina del tiempo», difícil (pero no imposible) de construir. Pero lo que realmente se construyó fue un «cronovisor«, capaz de visualizar cosas que sucedieron hace muchos siglos. Pero, ¿existió realmente este extraordinario dispositivo? Reconstruyamos su historia.

La historia que vamos a relatar tiene apenas unas décadas y todos los documentos relacionados con ella siguen estando disponibles. Con una excepción: el cronovisor ya no existe. ¿Fue destruida por su constructor, o permanece oculta a la humanidad, como algunos sospechan? Es difícil de decir, porque aunque su historia es reciente, se ha hecho tan oscura que es difícil dibujar los contornos hoy en día.

Todo comenzó en los años 60, como cuenta el padre François Brune en su libro «El nuevo misterio del Vaticano: la máquina del tiempo» (2002). En 1964, escribe, estaba en Venecia y allí tuvo una acalorada discusión con otro religioso, un monje benedictino llamado Padre Pellegrino Alfredo Maria Ernetti (1925 – 1994). Ernetti vivía en la isla de San Giorgio Maggiore con sus compañeros monjes y era profesor de música.

También era licenciado en física y tenía amplios conocimientos multidisciplinares. Le contó a Brune un curioso episodio que le ocurrió durante su colaboración con el padre Agostino Gemelli, fundador de la Universidad del Sagrado Corazón de Milán. Al parecer, durante un experimento en el laboratorio, se había dejado una grabadora encendida. La voz del padre de Gemelli fue grabada en la cinta. El padre de Gemelli había muerto años antes.

De ese episodio nació una idea en Ernetti, que en realidad no era original de su pensamiento, sino que es algo que la ciencia y la física han discutido durante mucho tiempo. ¿Es posible que el pasado deje su huella? Más concretamente, si el hombre es energía, ¿no es posible que quede una reverberación de esta energía, una memoria, que puede ser captada con equipos específicos? Si es cierto, como lo es, que todo se transforma y nada se destruye, esta hipótesis no es en absoluto descabellada.

Según el relato de Brune. El padre Ernetti obtuvo permiso para realizar estudios sobre el tema. Y no lo hizo solo, sino con la ayuda de otros eminentes físicos de la época, 12 en total. Los nombres que se han mencionado son todos excelentes: por citar sólo dos, Enrico Fermi y Wernher Von Braun. Juntas, estas grandes mentes lograron construir un cronovisor, un dispositivo que, con la ayuda de «antenas» especiales, podía captar y registrar el pasado.

Otro documento que atestigua la existencia de este increíble dispositivo es una entrevista concedida por el propio padre Ernetti en 1972 y publicada en la revista «La Domenica del Corriere». En la entrevista, el clérigo hizo declaraciones aún más sorprendentes, contando lo que él y sus colegas habían podido ver con el cronovisor.

Los acontecimientos que Ernetti relata se remontan a los más diversos periodos históricos. Dice que al principio no fueron muy atrás para probar el cronovisor. Poco a poco, se volvieron más audaces. Así, pudieron filmar, como si estuvieran presentes en el acto, el primero de los discursos de Cicerón contra Catilina, la puesta en escena de la tragedia «Tieste» escrita por Quinto Ennio, una arenga de Napoleón Bonaparte e incluso la crucifixión de Jesucristo.

Como prueba de esto último, Ernetti mostró una foto del rostro de Cristo que dio la vuelta al mundo. Sin embargo, poco después de su entrevista, empezaron a llegar los desmentidos. Se decía que el texto de la «Tieste», que ha llegado hasta nosotros en fragmentos, pero que él había podido escribir en su totalidad, era una falsificación. Incluso la foto milagrosa no era más que la de una imagen sagrada conservada en el monasterio de Collevalenza (provincia de Todi).

Atacado y calumniado por todos lados, el sacerdote mantuvo una estricta reserva y todo el asunto cayó en el olvido, desechado como un engaño. Eso fue hasta unos años antes de la muerte de Ernetti. En 1990, de hecho, respondió a una carta del padre Luigi Borello, que le acusaba de haber mistificado la invención del cronovisor. El padre Ernetti defendió la verdad de lo que siempre había dicho.